A primeras horas de la mañana, sin apenas gente en las calles, las cofradías daban los últimos retoques, o algunas los primeros, a los altares que, como cada año, levantaron para el paso de la procesión eucarística. Casi con cuentagotas se veía pasar gente camino de la Catedral, donde a las 8 de la mañana dio comienzo la solemne celebración eucarística presidida por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, y concelebrada por el Cabildo Catedralicio y el clero diocesano. Una solemne ceremonia que contó con la participación del coro del seminario San Pelagio. En su la homilía, el prelado comenzó recordando las palabras de San Juan de Avila: “En la eucaristía comemos la carne de Cristo asada con el fuego del Espíritu Santo”. El obispo recordó a los fieles que “la Eucaristía es semilla de inmortalidad” y comentó que la fiesta del Corpus Christi es una prolongación del Jueves Santo. Al mismo tiempo, manifestó su deseo de “poder recordar el eco de ese día y trasladar la fiesta del Corpus al jueves”. Con estos deseos comenzó a organizarse en el interior de la Catedral el cortejo procesional con el que Cristo Sacramentado volvería a recorrer las calles de la ciudad. En breve, la banda del Cristo del Amor interpretaba la apropiada marcha Triunfal . Tras la cruz de guía, los niños de primera comunión, las cofradías, la Adoración Nocturna, seminaristas y el clero diocesano, que daban paso a la espectacular Custodia de Arfe, donde procesiona Cristo Sacramentado. El paso iba exornado con rosas blancas y flores de magnolio. Tras él, el obispo, revestido con una impresionante capa pluvial, del mismo terno que las dalmáticas que acompañaban al prelado. Así fue tomando cuerpo la procesión, que fue seguida, al menos en sus primeros tramos, por escaso número de fieles. A muy buen ritmo fue adentrándose en las calles de la Judería para desembocar en la plaza Agrupación de Cofradías camino de las Tendillas. Una vez allí, el prelado subió al altar, instalado por el Cabildo Catedral, presidido por la imagen de Cristo Sacerdote, obra del imaginero cordobés Francisco Romero. El prelado señaló que “es necesario que Cristo salga a la calle”. Asimismo pidió por la situación actual, “donde la pobreza está asolando a muchas familias”. A continuación dio las gracias a Cáritas por su trabajo, así como a tantas instituciones y parroquias que “salen al encuentro y remedian a tantas familias necesitadas”. La alocución del obispo se cerró con un rotundo aplauso. Finalmente, Demetrio Fernández daba la bendición con el Santísimo mientras sonaba el himno nacional. Una vez más, la procesión eucarística contó con los altares de las cofradías: Sentencia, Merced, Carmen de San Cayetano, Misericordia, Amor, Animas (que volvió a dar ejemplo de arte efímero), Expiración y Sepulcro. Unas efímeras arquitecturas que sirvieron para dar esplendor al paso de su Divina Majestad por las apagadas calles de la ciudad. FRANCISCO MELLADO // DIARIO CÓRDOBA 11/06/2012

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