Una amenaza de lluvia, que finalmente quedó en nada, impidió que la hermandad del Resucitado se echara a la calle. Tras la suspensión de la procesión, miles de personas visitaron las imágenes de la cofradía en su templo.

Las ganas eran muchas, cuatro días de Semana Santa sin cofradías en las calles eran todo un récord en la ciudad, y se hizo notar en las puertas de Santa Marina. Un gran gentío se arremolinaba desde primeras horas de la mañana dispuesto a arropar a la cofradía del Resucitado. El sol seguía irradiando su luz cada vez con más fuerza y el cielo iba cobrando, poco a poco, un intenso azul propio de una radiante mañana de Domingo de Resurrección.
Sin embargo en el interior de la iglesia de Santa Marina esa luz del exterior era cada vez más tenue. Las predicciones que llegaban a la Junta de Gobierno de la hermandad del Resucitado, reunida en Cabildo de Aguas, no eran nada buenas. Según estas, el sol se ocultaría bajo las nubes y un intenso aguacero caería en la ciudad sobre las 12 de la mañana.
Ya no había vuelta atrás: el Señor Resucitado y la Virgen de la Alegría se quedaban en Santa Marina. Una vez más la cabeza volvió a ganarle al corazón.
El hervidero de gente que llenaba la plaza de Santa Marina recibió con asombro la noticia, no podían creer que con el sol que doraba las piedras del templo fernandino el Resucitado no saliera.
“No solo se consultó un pronóstico, ni dos, sino varios y todos daban agua”, señalaba el hermano mayor, Francisco Ruiz Abril, ante la avalancha de gente que le preguntaba por qué se había suspendido la procesión.
“El público no comprende que los que más ganas tenemos de salir somos los que luchamos todo el año para que la cofradía esté en la calle, es decir la Junta de Gobierno”, decía ayer un responsable de la corporación. Pero claro, “eso no lo entienden aquellas personas que lo único que hacen por las cofradías es salir a la calle y exigir que salgan a toda costa”, espetó un costalero de la cofradía.
Poco a poco se fueron calmando los ánimos, a la vez que se iba formando una serpenteante cola alrededor del templo para poder ver de cerca a los titulares de la cofradía situados a los pies de la iglesia.
Una vez en el interior, las miradas iban hacia el ángel de la resurrección que, un año más, aunque sea en su templo, anunciaba que Cristo había Resucitado. El dorado paso estaba exornado por un elegante friso de iris blanco, mezclado con otras flores entre las que destacaban minicalas del mismo color.
Y a la derecha del paso del Señor Resucitado se ubicaba el palio que cobija a la Virgen de la Alegría, como siempre impecable, gracias a las manos de su vestidor, Eduardo Heredia. Pero sobre todo destacaba el exorno de las jarras de su palio compuestas por unas exquisitas piñas de jacintos blancos.
Pasadas las dos de la tarde, el sol seguía reinando en la plaza. Mientras, en la puerta lateral de la iglesia de Santa Marina, aún permanecían las colas para ver a los titulares de la popular cofradía que cada año cierra el ciclo pasionista.
Con esta estampa, se ponía fin a la Semana Santa más atípica de los últimos tiempos.
La Agonía suspende el regreso de su Titular.
La meteorología impidió ayer que el Cristo de la Agonía, que se quedó el pasado Martes Santo en la Catedral tras suspender su estación de penitencia, volviera en procesión extraordinaria hasta su sede canónica en la parroquia de Santa Victoria (Barrio del Naranjo). La Junta de Gobierno acordó trasladar, de modo privado, su sagrado Titular hasta su templo, donde se encontraba ya en la noche de ayer.
Fuente de la Noticia: Diario Córdoba
Compartir